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Iglesia-negocio desata disturbios: La transformación brutal de un tranquilo vecindario capitaleño

Iglesia-negocio desata disturbios: La transformación brutal de un tranquilo vecindario capitaleño

En la calle Francisco Moreno, esquina con la avenida Sarasota, se ha desatado un conflicto entre la comunidad y el Centro Cristiano Soplo de Vida, dirigido por la pastora Yesenia Then. La situación ha escalado hasta convertirse en un caos, especialmente durante los días de culto, cuando la estrecha vía se convierte en un estacionamiento improvisado para los vehículos de los feligreses.

Los espacios que deberían ser para el tránsito de peatones han sido ocupados con letreros que advierten sobre su uso exclusivo. Los hombres uniformados de negro, encargados de dirigir el tráfico, han hecho de la calle Francisco Moreno un verdadero embotellamiento, obligando a los conductores a arriesgarse al invadir el carril contrario para poder pasar. Esto no solo genera frustración entre los residentes, sino que también pone en riesgo la seguridad vial en la zona.

Los vecinos han denunciado que la iglesia, al parecer, cuenta con un permiso del Ayuntamiento del Distrito Nacional para utilizar las aceras a cambio de un pago mensual, aunque esta información no ha sido confirmada. Lo evidente es que la comunidad se siente abandonada por las autoridades, quienes no han intervenido ante la ocupación del espacio público.

Yesenia Then, quien se presenta como una líder espiritual y empresaria exitosa, ha logrado expandir su iglesia y sus negocios en la zona, pero a costa de la comodidad y seguridad de los residentes. Su presencia en las redes sociales y su vida personal no pasan desapercibidas, generando tanto admiración como críticas.

La situación se agravó recientemente durante la celebración del aniversario de la iglesia, donde, a pesar de las quejas de los vecinos, el Instituto Nacional de Tránsito y Transporte Terrestre (Intrant) envió personal para asegurar el tránsito durante el evento, lo que desató aún más el descontento en la comunidad. Los residentes, en su mayoría de clase media, continúan sufriendo las consecuencias de lo que consideran privilegios desmedidos, mientras esperan que las autoridades tomen cartas en el asunto.