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Con la concertación gana RD ¡Que nadie se quede afuera!

Opinion

El presidente Luis Abinader nos ha convocado a construir una nueva relación entre el poder social, económico y político para mejorar las instituciones, la gobernabilidad y multiplicar las oportunidades económicas y sociales mediante la acción política concertada y responsable.

Un presidente no es lo mismo que un estadista. Los primeros gobiernan motivados por la agenda del día, mientras que los segundos piensan en el legado que dejarán cuando finalice su mandato, teniendo en cuenta la historia como su principal consejera.

El presidente Luis Abinader, al recurrir al diálogo y la concertación minutos después de obtener una victoria electoral contundente que le aseguró la mayoría absoluta en el Congreso Nacional, demuestra su madurez como estadista. En contraste, el ex presidente Leonel Fernández, al oponerse al diálogo, se encamina hacia una derrota estratégica si persiste en contradecir los reiterados llamamientos al diálogo realizados durante sus gobiernos. Los políticos modernos deben ser conscientes de que la democracia requiere diálogo, conversaciones, reconocimiento y respeto a la diversidad de opiniones e intereses.

La República Dominicana actual es el resultado de la resistencia, el diálogo y la lucha constante por la libertad y la independencia. Desde su fundación, hemos sido un país que valora la palabra y la acción política. Nuestro primer líder armado intentó convertirnos en una provincia del imperio español, pero fracasó. Cien años después, en 1965, protagonizamos la única revolución constitucionalista de América, que separó a los militares del poder directo hasta el presente.

Nuestros principales líderes después de Trujillo fueron intelectuales de alto calibre que consideraban la palabra como su principal arma política. Siempre hemos recibido a extranjeros sin distinción de religión, idioma, etnia o raza, y nunca nos hemos dividido internamente por segregaciones de ningún tipo. Sin embargo, nos hemos dividido en la lucha por el poder, en una especie de guerra civil episódica que solo terminaba cuando se imponía el orden por la fuerza.

Desde 1978, la guerra civil armada ha cesado, los militares se han limitado a sus cuarteles y los que incursionaron en la política partidista no lograron el éxito esperado. Nos hemos gobernado, "unidos y desunidos", a través de las palabras, los discursos y la experiencia de nuestros líderes civiles y sus partidos.

Hannah Arendt nos enseñó que la libertad es el principio elemental de la política. El personalismo autoritario, que se cree dueño de la verdad y excluye las diferencias, viola el régimen de igualdad de derechos y el respeto a la dignidad de los demás, representando la antipolítica. La política y la democracia, entendidas y practicadas adecuadamente, se sustentan en el debate de las diferencias y en el respeto a la diversidad de opiniones e intereses.

La democracia es una construcción continua de convivencia económica, social, política y cultural. La responsabilidad principal de su vigencia recae en las élites políticas, empresariales, sociales, tecnocráticas y civiles. Los principales enemigos de la democracia y las libertades políticas son la demagogia y la corrupción, junto con el cansancio del éxito y la rutina que nos hace olvidar lo verdaderamente importante.

Ignorar el diálogo en las actuales circunstancias es buscar el poder sin considerar el interés nacional. La satisfacción de las necesidades vitales y la consolidación de la democracia son responsabilidades mutuas de los actores económicos y políticos. Menospreciar la importancia del diálogo, el compromiso y la responsabilidad compartida es asumir la antipolítica, caldo de cultivo de extremismos populistas.

El presidente de la República Dominicana busca devolver el poder ganado a los ciudadanos convocando al diálogo con los líderes de la oposición política, social y empresarial. Esta iniciativa, lejos de ser una muestra de debilidad o temor para gobernar, es histórica y guiada por la comprensión de que la pluralidad es fundamental para la condición humana.

El presidente, libre de ataduras y aspiraciones para 2028, garantiza que su iniciativa sea histórica y guiada por la comprensión de que la pluralidad es fundamental para la condición humana. La concertación y la participación son clave para fortalecer la legitimidad pública y superar la impotencia que destruye instituciones, política, economía y familias. La mayoría constructiva seguirá apoyando al presidente, quien con su cercanía, vocación de diálogo, sinceridad y compromiso, se ha ganado su confianza, el bien político más necesario en una república democrática.

Por Alejandro Abreu

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